viernes, 21 de septiembre de 2012

Cuéntame: ¿Quién te leía a ti cuentos?

 Ilustración de Mary Haverfield

¿SOMOS PUENTES ENTRE LOS LIBROS Y NUESTROS NIÑ@S? 
Todo comienza en una habitación iluminada por una lamparita, con alguien que nos cuenta un cuento. O más atrás, con una voz que nos arrulla cuando aún no tenemos las palabras. Nos marcan con un nombre, entre la infinidad de nombres, al que le vamos dando cara, lentamente, y nos entregan unos apellidos que amarran el pasado y el presente y que legaremos al futuro. Quizás cuando crecemos seguimos leyendo para revivir ese ritual, ese triángulo amoroso que cada noche unía tres vértices: un niño, un libro y un adulto. En esa escena primigenia está la clave de los proyectos de lectura. De un lado, están los libros. Del otro, los lectores. Y, en la mitad, esas figuras... “ los mediadores”.

Yolanda Reyes

Mi madre no me leía cuentos. Ella misma los inventaba. No sólo para mí, sino también para mis otros tres hermanos. Esas historias de sobremesa marcaron con fuego nuestra vida. No exagero: mi primera mascota fue bautizada con el nombre de uno de los personajes más memorables que ella inventó: Solosín. Algunos suelen bautizar a sus perros o gatos con nombres (o apellidos) de sus autores preferidos o los de los personajes que estos inventaron. Yo, sin embargo, me quedé prendado, desde muy chico y para siempre, con el que fabuló la mujer más importante de mi vida.Contar historias es algo que, más allá de los resultados, me produce un tremendo placer y me ayuda a sentirme vivo. Me hace feliz reconocer que lo aprendí de la persona que más amo y necesito: mi madre, la vela que nunca se debe apagar.

ORLANDO MAZEYRA


Cuentos para Marina

Marina siempre deseaba que le contara uno o dos cuentos antes de dormir. Tenía todos los videos de los personajes clásicos que veía miles de veces, repetidos. A veces incluso les quitaba el sonido, y ella doblaba los diálogos haciendo diferentes voces. Sus abuelas, Ana y Juana, y sus tías, Mari y Alicia, también le contaban o leían cuentos cuando estaban con ella (y la querida Asunción que la cuidaba cuando yo me iba a trabajar a la escuela).

Pero Marina, en eso como en tantas cosas por las que se sentia atraída, era insaciable.
-“Mamá, cuéntame un cuento…de ésos en los que las niñas son las que luchan y ganan”.

Yo, madre novata, pensé que debía equilibrar un poco tanto príncipe azul y tanta niña desgraciada, y mis cuentos eran justo lo contrario de esas bonitas historias eternas.
En esas noches, nacieron niñas que salvaban la vida del bello durmiente o siete enanitas cuya casa limpiaba un joven moreno y cantarín… Más adelante, llegaron las heroínas que viajaban por el aire para combatir los injustos dibujos japoneses o las piratas que vivían sin hombres todo el año.
[Sigue leyendo ...]

Ana Galindo


 Y ahora.... te toca a ti 

 ¡¡¡Escribe tu historia!!!

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